La designación de las autoridades en la Cámara alta reavivó las tensiones entre el sector de Axel Kicillof y el espacio referenciado en Cristina Fernández de Kirchner, tras la jura de senadores realizada el lunes feriado. Las diferencias surgieron por el reparto de cargos y por el control de la vicepresidencia primera, un lugar clave en la línea sucesoria.
Según fuentes legislativas, el cristinismo reclamó mantener los espacios que ocupaba antes de la renovación, entre ellos la vicepresidencia primera que dejó vacante Luis Vivona, mientras que el kicillofismo objetó lo que consideró un intento de quedarse con la mayoría de los puestos. En La Plata señalaron que la representación del peronismo ya incluía la presencia de la vicegobernadora Verónica Magario, presidenta provisional del Senado y principal nexo del Ejecutivo en el recinto.
Entre las alternativas en discusión aparecieron los nombres de Mario Ishii o de un dirigente de La Cámpora, mientras que legisladores del Movimiento Derecho al Futuro insistieron en la necesidad de abrir la negociación. Del lado cristinista, en cambio, remarcaron que debía sostenerse el reparto previo y que el año podía cerrarse sin sobresaltos si se respetaba ese entendimiento.
Las discrepancias volvieron a exponer la desconfianza entre ambos sectores, aun después del acuerdo legislativo que permitió a Kicillof acceder a nueva deuda y avanzar con la ley fiscal y el Presupuesto 2026. Voces cercanas a Máximo Kirchner señalaron que la agrupación acompañó todas las iniciativas, mientras que dirigentes del oficialismo provincial sostuvieron que La Cámpora tensaba la relación con el Gobernador.
El episodio dejó en evidencia la fragilidad de los acuerdos internos y la dificultad para recomponer una dinámica común. Mientras se definían las autoridades del Senado, predominaban las acusaciones cruzadas, el recelo y la sensación de que la cohesión del peronismo bonaerense seguiría atravesando sobresaltos en los próximos meses.





