Dirigentes del peronismo analizaron el escenario electoral y coincidieron en que el armado nacional quedó condicionado por disputas internas. Gobernadores y sectores no kirchneristas buscaron ganar peso, mientras Axel Kicillof impulsó una renovación de la conducción.
El peronismo comenzó un año clave para ordenar su estrategia con vistas a 2026 y 2027, en un contexto marcado por tensiones internas y por la discusión sobre el rol futuro de Cristina Fernández de Kirchner. Gobernadores del PJ evaluaron que su mayor protagonismo limitó la centralidad de la ex presidenta, aunque advirtieron que el armado nacional avanzó con cautela y sin consensos sólidos.
Dentro del espacio, distintos sectores señalaron que el liderazgo de CFK perdió capacidad de ordenamiento, tanto por su situación judicial como por el desgaste político del último ciclo. En ese marco, referentes del Movimiento Derecho al Futuro y otras líneas internas plantearon que 2026 será decisivo para definir una conducción colegiada y un programa que vuelva a conectar con el electorado.
El debate interno también expuso diferencias sobre la estrategia frente al Gobierno nacional. Mientras algunos gobernadores evitaron bloquear todas las iniciativas oficiales, el kirchnerismo se perfiló como núcleo duro de la oposición, y la CGT buscó reposicionarse sin quedar asociada a un rechazo automático. Las discusiones sobre reforma laboral, política económica e industria profundizaron las grietas dentro del PJ.
En ese escenario, Axel Kicillof emergió como uno de los impulsores de la renovación del peronismo, con la intención de romper el esquema de conducción tradicional. Sectores afines sostuvieron que el proceso puede resultar fundacional o derivar en otro año de parálisis, mientras que dirigentes históricos coincidieron en que el futuro del espacio dependerá de cómo se reconfigure el rol de CFK y de la capacidad del PJ para ofrecer una propuesta clara rumbo a las elecciones de 2027.






