lunes 20 de mayo de 2019 - Edición Nº70

Opinión | 6 may 2019

Colón, ¿era Judío y Catalán?

Desde Barcelona.


Por:
Vidal Mario (*)

En estos días, tengo la suerte de recorrer por segunda vez las calles de Barcelona.

En mis recorridas por esta ciudad llegué a su corazón: las Ramblas, su gran bulevar central.

Aquí, en medio de la Plaza Portal de la Paz, hay un monumento a Colón de 57 metros de altura.

¿Por qué en ésta ciudad, a la que algunos llaman “ la otra España”, erigieron ese colosal monumento a quien en 1492 llegó con sus carabelas a nuestro continente?.

Al parecer, el Almirante tiene que ver con Barcelona mucho más de lo que uno se imagina.

Como decía Atahualpa Yupanqui, “siempre hay que averiguar el por qué de los porqueses”.

Y el por qué del citado monumento es el siguiente:

Desde hace siglos se viene discutiendo sobre el lugar de nacimiento del gran navegante.

Casi nada se sabe de su infancia. Se cree que nació en 1446, pero ni eso es seguro.

Se da por hecho que nació en Génova, pero sólo porque su hijo, en su testamento, citó esa ciudad italiana.

Justamente, uno de los secretos que Colón guardaba bajo siete llaves era el lugar donde nació.

Tenía además una poderosa y obsesionada razón personal para ocultar su origen: era judío.

No le quedaba más remedio que actuar así: en la España de esa época ser judío era como ser el demonio.

Catalán y judío

Aquí me han presentado indicios y evidencias que se consideran más que suficientes para demostrar que Colón no sólo que era judío, sino además catalán.

Así lo afirman por ser el catalán el idioma que Colón usó en su primera carta, tras regresar de su primer viaje al Nuevo Mundo.

Su apellido, dicen, es una derivación de la palabra catalana colom (paloma), y que así firmó muchas documentaciones.

En el siglo XV la mayoría de los apellidos catalanes judíos eran nombres de animales.

Por eso Barcelona muestra con orgullo a los turistas el Palacio Real donde Colón desplegó el resultado de su primer viaje ante los católicos reyes Fernando e Isabel.

En marzo de 1493, el almirante hizo en Barcelona una entrada triunfal, recogiendo por el camino los más brillantes testimonios de admiración pública.

El pueblo entero salió a recibirlo. Colón, que marchaba en medio de los indios llevados de América, fue recibido por los reyes españoles que en esos días estaban allí.

El almirante se dispuso a arrodillarse a los pies de los monarcas. Ellos le mandaron que se sentara.

Colón les hizo una relación de su viaje, les presentó a los indios que lo acompañaban y les mostró oro, aves exóticas y otros tesoros de las nuevas tierras.

Seguidamente, toda la comitiva se puso de rodillas en la misma sala del trono para entonar el Te Deum.

En cuanto a los semidesnudos cautivos indios, en medio de gran pompa y solemnidad fueron bautizados en la catedral que domina el Barrio Gótico de la Ciudad.

Catalán de pura cepa

En resumidas cuentas, para muchos barceloneses Colón era un catalán de pura cepa.

El historiador José Porter dijo que hubo un tiempo en que bastaba que en una taberna alguien dijera que Colón era italiano para hacer de esa reunión pacífica una batalla campal.

Dicho historiador, muy recordado, atendía en la Ciudad Vieja de Barcelona una librería donde se apilaban hasta el techo antiguos volúmenes cubiertos de polvo.

El monumento a Colón, que desde 1888 marca el horizonte de Barcelona, marca un hecho evidente: muchos catalanes consideran que el gran explorador fue uno de los suyos.

(*) Periodista, Historiador.

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