lunes 24 de junio de 2019 - Edición Nº105

Editorial | 9 jun 2019

La Decadencia Crónica de la Argentina


Por:
Pedro Daniel Platini (*)

La decadencia argentina se explica en un problema cultural que se arrastra hace décadas, y que también incluyen a las elites del país.

El egoísmo y la mezquindad hace imposible pensar políticas de Estado a 20 o 30 años, un gran acuerdo social necesita incluir a todos los actores de la Sociedad, políticos, empresarios, sindicalistas y el pueblo.

El fracaso del mejor equipo de los últimos 50 años es apenas la formulación revanchista y sesgada de un fenómeno más profundo y extendido que hoy se asombra del resurgimiento de Cristina Kirchner.

La construcción política de Cambiemos se apoyó en las bases de un imaginario de un proceso desarrollista y republicano, que sintetizara lo mejor del peronismo y el radicalismo. Visión de país y ética en el manejo de lo público. Pero prevaleció un gorilismo visceral que no hizo más que profundizar la grieta.

Si los "choripaneros" conducidos por el irresistible aroma de la carne asada eran el lado oscuro del populismo kirchnerista, la insoportable superficialidad de la cultura del country son la peste de un gobierno que en demasiadas ocasiones se extravía entre la indolencia y el capricho.

Sería fascinante observar -sino fuera que el costo es altísimo-, como los mejores y más brillantes de la Argentina han fracasado tanto en su estrategia de superación y reemplazo del modelo kirchnerista, como en la instrumentación de un programa de desarrollo de la esquiva y promocionada potencialidad argentina.

La derrota es tan abarcativa que se extiende a todo el arco político no sólo el gobernante, sólo la persistencia en el error del marco amplio de elites que acompañó a Macri, empezando por las mediáticas, explica que todavía no se haya explicitado en toda su profundidad.

El kirchnerismo desató una polarización con ese establishment, que reprodujo los peores modos del primer peronismo, donde la arrogancia que otorgó ser la fuerza que por primera vez "hacía algo en serio" por los excluidos, los llevó a no ver más allá de su propio círculo.

Lo que estamos presenciando en la actualidad es al fracaso del otro lado de ese engranaje que nos condena al atraso crónico. El de esa elite que se impuso en el 2015, con una promesa de modernidad inclusiva y tolerante, que al final de su mandato no entregó ni una cosa ni la otra.

Lo notable es que a meses de una elección presidencial que será clave en los destinos del país, desde ambos lados surge el simulacro de la autocrítica. El acercamiento del kichnerismo a los mercados y la apertura al diálogo político del macrismo, como expresiones más rutilantes de esa decadencia que pareciera no superarse. Como si en el extremo, existiera la capacidad de entender lo que nos daña, pero por alguna razón, una vez en el poder se extraviara.

(*) Periodista

 

 

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