domingo 22 de septiembre de 2019 - Edición Nº195

Opinión | 30 jun 2019

La gran pregunta de las próximas elecciones


Por:
Pedro Daniel Platini (*)

Las principales encuestadoras del país están registrando una recuperación de la intención de voto de Macri y algunas como Synopsis ya hablan de un empate técnico en el ballotage, contra la boleta Fernández - Fernández. Pero incluso ese estudio señala que en las primarias el presidente está perdiendo por cuatro puntos contra la fórmula que integra Cristina Kirchner, que supera por algunas décimas el cuarenta por ciento.

Este segundo dato es importante porque es muy probable que el resultado de las primarias impacte en el proceso político que se abre desde ese momento hasta la segunda vuelta. Y en la cotización del dólar. "La moneda está en el aire y define Sandleris", afirma con humor un analista de Wall Street, que está convencido que la estabilidad del dólar es clave para que Macri se mantenga competitivo.

Ahora, esta encuesta -y otras que circulan- hay que tomarlas con pinzas bien largas como si manipuláramos animales venenosos. No por su origen, sino porque es claro que la elección todavía no tomó temperatura en la sociedad, más preocupada por enfrentar el efecto de la crisis en su día a día.

Es decir, esta "sensación" que recorre la política que la elección esta peleada, puede ser sólo eso cuando llegue la hora de contar los votos.

Las últimas elecciones provinciales marcan un fuerte declive del voto de Cambiemos: en los territorios donde perdió en el 2015, ahora el peronismo amplió la diferencia. Y en varios de los que ganó en el 2017, este año perdió categóricamente. Con un agravante, ese declive electoral llegó a los grandes centros urbanos que es el corazón del voto  de Cambiemos. Es probable que esta caída se vincule principalmente a la pérdida del poder adquisitivo de la clase media.

Pero el gobierno mantiene su relato. Son dos elecciones separadas. Y muchos de esos gobernadores peronistas que arrasaron en sus provincias, están mas cerca de Macri que de Cristina. Si esto fuera así, hasta ahora no se ve en la realidad, salvo excepciones como el caso Schiaretti.

Acaso el gobierno se hace más daño político del necesario cuando hace "lecturas" forzadas, que luego la realidad convierte en derrotas anticipadas.

Pero sería un error dar por resuelta la pelea. Más interesante es indagar qué pregunta encierra la elección. En todo proceso electoral subyace un interrogante alfa.

En este caso es bastante probable que circule en torno a quien proporcionará la mejor salida a la actual crisis. Todos los sondeos cualitativos indican que los problemas económicos prevalecen: empleo, inflación, pobreza, deterioro del poder adquisitivo. 

El gobierno, por supuesto, se esforzará por lograr que al menos una parte de la reflexión que ocurra al interior del votante incorpore el "Riesgo Venezuela", "La Locura" y la corrupción descontrolada.

En esa línea el gobierno puede exhibir cierta normalización financiera, sobre todo en la cotización del dólar, no así en la tasa de interés. Suma a eso la baja de la inflación y las débiles señales de recuperación económica, explicadas por el campo. Pero la actividad industrial, el comercio y el consumo sigue entregando malas y muy malas noticias. 

Por eso, el anuncio del acuerdo del Mercosur con la Unión Europea fue vivido con tanto alivio por el Gobierno. Porque puede ser exhibido como una ratificación del mundo al rumbo elegido, como un hito clave en la construcción de ese país globalizado y moderno que Macri prometió y se demora en aparecer.

Pero desde el lado económico los interrogantes que genera el kirchnerismo, al menos para los mercados, escalan hasta que la aguja rebota en el máximo. Y asociado a este interrogante viene el marco geopolítico, que como la propia Cristina reconoció cuando renunció a la candidatura presidencial, hoy le es adverso. Desde el peronismo, claro, afirman que esta situación la generó Macri y sus políticas y sólo se puede volver a crecer cambiando un modelo que definen como financiero. Pero saben que su última experiencia en el poder fue hasta tal punto insatisfactoria que permitió la emergencia de Macri.

Por eso la jugada de Cristina de entronizar a Alberto Fernández sólo se termina de entender con la incorporación de Sergio Massa. Es amplitud, mostrar que lo que se propone es algo diferente y sobre todo, más girado al centro. Pero es también aritmética electoral de primer grado para pasarle por arriba a una elección que indague demasiado en los quién y los como.

¿Entonces qué camino es más viable para salir de la crisis? Es probable que quien ofrezca la mejor respuesta a esa pregunta, en un sentido muy abarcativo, sea el próximo presidente.

(*) Periodista

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