lunes 11 de noviembre de 2019 - Edición Nº245

Opinión | 12 ago 2019

El marketing amarillo tuvo su Waterloo

La unidad del peronismo exprimió hasta la última gota del descontento económico. La aritmética del poder se impuso a la sofisticación digital.


Por:
Pedro Daniel Platini (*)

Al final no hubo sorpresas en las urnas. Las derrotas en las provincias, anticiparon la derrota nacional. La polarización llevada al extremo a la que Marcos Peña y Durán Barba ataron la suerte del proyecto político de su jefe, tenía un riesgo que este domingo quedó a la vista: El peronismo podía ganar en primer vuelta, por la simple razón que tiene un piso electoral que al menos supera por diez puntos al núcleo duro del macrismo. Polarización y apuesta al ballotage, son dos engranajes que se activan si se llega a la segunda vuelta. Si esto no ocurre es un juguete sin cuerda.

Una de las grandes diferencias de esta elección con el 2015, es que entonces funcionó una alianza tácita entre Massa y Cambiemos, que para esta ocasión Macri y Marcos Peña no supieron o no quisieron mantener.

Sin Massa en la órbita del oficialismo, se diluyó la tercera fuerza y de aquellos 22 puntos que facilitaron el acceso de Macri al poder, pasamos a un devaluado Lavagna que no llegó a los dos dígitos. Lo que estaba dividido se unió y los números del peronismo recobraron su fuerza habitual, potenciados por la realidad económica.

La estartegia de Cristina hay que leerla en dos tiempos, primero fue por Alberto para luego ir por los goberandores y Massa, la estrategia funcionó. 
La aritmética del poder se llevó puesta la sofisticación de la microsegmentación digital, los Defensores del Cambio y toda el laboratorio del mejor equipo de campaña de Latinoamérica.

Y como siempre sucede en política, los errores, la arrogancia, los destratos y negaciones que se desplegaban como si el éxito estuviera escriturado de por vida, un día se pagan todos juntos. Y los que parecía un piano acercándose a la cabeza, era un piano nomás.

Errores que incluyen a María Eugenia Vidal, que abrió una puerta de emergencia y de manera inexplicable se quedó mirando como se cerraba. Si hubiera desdoblado, tal vez se evitaba este epílogo de su mandato.

Macri se queda casi sin margen técnico para dar vuelta este resultado. Los mercados reaccionaron de manera negativa en el día de hoy.

Le podemos sumar a esta complejidad un interrogante: ¿Cómo mantiene el Presidente una campaña y una candidatura competitiva en estas condiciones?

El gobierno se pasó cuatro años relativizando el poder del círculo rojo, mientras establecía relaciones cada vez más estrechas con el círculo rojo del círculo rojo: Trump, Lagarde, Bolsonaro, Macron, Trudeau, mega empresarios y grandes medios, que lo hacían sentirse protagonista de un éxito que buena parte de la sociedad no experimentaba con su realidad cotidiana.

Macri acaso se sintió un incomprendido en su país, como dejó entrever en su conferencia de prensa carente de autocrítica. La suerte está echada, el marketing y el laboratorio chocaron con la realidad.

(*) Periodista

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