domingo 15 de diciembre de 2019 - Edición Nº279

Opinión | 1 dic 2019

El racismo que en el Chaco no se quiere ver


Por:
Roberto Espinoza (*)

En el diario El País de España hay una muy interesante nota respecto del racismo que impera en la sociedad mexicana. Racismo, dice el informe, al que la propia sociedad azteca la tornó en un tema tabú.

A modo de ejemplo describe que una lista de frases y dichos racistas que se naturalizan en ese país; "hay que mejorar la raza" al buscar pareja, "trabajaste como negro" cuando trabajaste demasiado sin haber tenido una paga suficiente o el "no seas indio" para graficar un modo impropio de comportamiento.

Pese a ser mencionada como una provincia multicultural o plurilingüistica, Chaco es una provincia en la que muchos de sus habitantes emplean esas definiciones estigmatizadoras que desnuda un racismo también por aquí no tratado.

Varias veces encontré ejemplos en dónde muchos chaqueños tomaban como una ofensa o un descalificativo cuando se ligaba a la provincia con lo indígena. "No puede ser que crean que Chaco está lleno de indios con flechas", es una mención clásica que muestra la indignación de los chaqueños blancos.

Eso per se denota cierto sesgo racista, ya no solamente de los que por ignorancia vinculan despectivamente al Chaco solamente con indios con arcos y flechas, si no también de aquellos habitantes de esta tierra que muestran orgullosos su ascendencia gringa pero que toman a esa vinculación con lo indio como un insulto.

Más allá que comparativamente con otras provincias Chaco exhibe un tratamiento institucional mucho mejor para con los pueblos indígenas al contar con un organismo como el IDACH (Instituto del Aborígen Chaqueño), o tener a algún diputado indígena en su  legislatura,  o representantes en el Comité contra la Tortura, o pese a que se hayan oficializado los idiomas autóctonos como el qom, moqoit, y wichí,  esos logros institucionales no logran disimular  que una porción importante de la sociedad chaqueña muestra un desprecio para todo con  lo que huela a indígena.

Así nos encontramos con que ese reconocimiento institucional que lograron los pueblos indígenas termina siendo una fachada, como una cáscara de tolerancia polítcamente correcta, a la que que si se la rasca un poco deja entrever esa fobia social hacia los indígenas y su cultura.

Sería bueno comenzar a deconstruir ese racismo. Concientizar socioeducativamente para que la cultura indígena y su pueblo tengan un reconocimiento real-no meramente simbólico-para que así la provincia toda se muestre orgullosa de su pertenencia indígena y la incorpore de verdad a su multiculturalidad pluriétnica.

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